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Los peritos son profesionales que trabajan, generalmente, para las compañías de seguros y su misión es la de valorar los daños sufridos por nuestro vehículo en un siniestro, para conocer el coste de su reparación. Peritar un coche siniestrado sirve para determinar las circunstancias que han motivado el accidente, saber cuáles son los elementos que hay que sustituir y reparar y calcular el coste de la indemnización.

Son las personas que ejercen de mediadoras entre las compañías de seguros, los talleres de reparación y los usuarios y su función es la de elaborar un informe técnico. Para completar el proceso de peritaje, este profesional debe realizar comprobaciones mecánicas, verificar el estado de la carrocería, analizar el chasis, estudiar la presencia de defectos en la pintura, observar posibles anomalías en los cristales y chequear el estado de los elementos del interior del vehículo.

Para realizar su trabajo, el perito se vale de una serie de herramientas de diagnóstico, como el multímetro, vacuómetro, medidor de fugas de cilindros, compás de varas o medidor de espesores de pintura. Antes de proceder a su inspección, el perito ha de elaborar un reportaje fotográfico completo. Estas imágenes serán incluidas en el expediente, con el fin de servir de pruebas ante posibles reclamaciones.

Valoración de los daños e informe final

Una vez este profesional ha realizado una primera inspección visual de nuestro vehículo y ha completado el reportaje fotográfico, llega el momento de proceder al estudio de las diferentes partes, con el fin de determinar los daños sufridos y obtener la información necesaria para elaborar el informe final, en el que se determinan los elementos a reparar o sustituir y el coste de las piezas y la mano de obra, así como el tiempo necesario para su reparación.

El proceso tal vez más delicado es el de estudiar si nuestro coche ha sufrido daños en su mecánica, ya que pueden aparecer problemas que no se observan a simple vista. Debe estudiar el estado de los frenos, la suspensión, si se producen fugas de líquidos, el correcto funcionamiento del motor, el estado de las luces, la transmisión, el embrague, que el aire acondicionado y la calefacción funcionan adecuadamente, etcétera.

Para verificar el estado de la carrocería, el perito debe comprobar si nuestro vehículo se encontraba en el estado original con el que salió de la fábrica o ya había sufrido reparaciones anteriores, ha de estudiar y clasificar los daños sufridos mediante el chequeo de sellantes, uniones, puntos de resistencia…

Asimismo, ha de estudiar si se han producido defectos en la pintura, tales como grietas, corrosión, ampollas, etcétera. Y, de igual manera, ha de comprobar si el coche presenta su estado de fábrica o ha sufrido reparaciones en su pintura, con anterioridad.

Es importante que se asegure de que el chasis no presente variaciones en sus medidas o haya sufrido defectos, como fisuras; al igual que ha de estudiar si los cristales presentan anomalías, como pequeñas fisuras o grietas.

Asimismo, debe cerciorarse de que el vehículo no presenta daños en el interior de su habitáculo: defectos en la tapicería, los sillones, los techos, el cuadro de mandos o los cinturones de seguridad…